Cuando la Insensibilidad nos arropa nos deshumanizamos…
Hay momentos en que el callar nos hace cómplices de lo que está sucediendo y hay momentos en que las palabras no nos salen, porque el dolor es tan grande y uno queda tan golpeado que apenas tenemos fuerza para hablar, lo cierto es, que en nuestro interior surgen y resuenan fuertemente preguntas, palabras… que nos hacen clamar, incluso con lágrimas en los ojos: esto no es justo…
Este es uno de uno de esos momentos en que muchos de nosotros y nosotras nos preguntamos, ¿por qué la mayoría de los afectados en las medidas tomadas por el Señor Gobernador, atentan directamente contra las y los más débiles, las y los más pobres, las y los trabajadores más humildes?
¿Por qué esta reestructuración económica, tan necesaria para el país, no se aplica también a las grandes corporaciones que tienen mayores posibilidades económicas de ayudar al país, e incluso algunas de ellas, tienen cuantiosas deudas con el erario público que no han sido cobradas?
Las afirmaciones expresadas por algunos líderes prominentes del partido del gobierno y economistas de nuestra Isla en estos días, ratifican el hecho, de que todavía existen diversas opciones, que si se aplican, minimizarían el impacto social tan fuerte que la decisión de las despedidas de las y los empleados públicos ha creado.
Hay que tener presente que la insensibilidad que manifiesta el gobierno al dejar a 16,970 empleados /as públicos sin trabajo, con la excusa de que no hay dinero, cuando no se han agotado todas las opciones de solución, es indignante y clama al cielo. Es por eso, que como Obispo de la Diócesis de Caguas, me hago solidario con todas las personas que se ven afectadas directa e indirectamente por estos despidos, y expreso, mi desacuerdo total ante esta medida, en la que no se han agotado todas las opciones expresadas por diversos sectores de nuestro pueblo, y máxime cuando se da la impresión de que ésta, favorece solamente a un sector privilegiado de nuestra sociedad.
Hermanos y hermanas, se acercan días muy difíciles, ahora más que nunca, se necesita mantener la serenidad para realizar acciones afirmativas que vayan en beneficio de nuestro pueblo. No dejemos que el desaliento se convierta en violencia destructiva. Una vez más, como pueblo que ama y defiende la paz, demos cátedra de que creemos en la posibilidad que tenemos de levantarnos ante la adversidad. No permitamos que las medias verdades de algunos, destrocen la capacidad que tenemos como pueblo de buscar respuestas reales ante situaciones concretas. No dejemos que el ideal de ser cada día mejor personas y mejores ciudadanos y ciudadanas, nuble nuestra conciencia de ser responsables en este momento histórico que nos ha tocado vivir.
Defendamos lo que hay que defender, luchemos por lo que creemos noble y justo. Eso sí,
“No te dejes vencer por el mal, por el contrario vence al mal a fuerza de bien” Rom. 12, 21. Que María, Madre de la Divina Providencia, nos acompañe y que el Señor, que ciertamente no abandona a su pueblo en los momentos difíciles, nos mantenga, firmes en la fe, alegres por la esperanza y diligentes en el amor.